CONCIERTO 79º ANIVERSARIO UNCUYO

Con un atractivo programa musical, el próximo viernes 17 de agosto a las 21.30 en la Nave Universitaria, se conmemorará el 79º aniversario de creación de la Universidad Nacional de Cuyo. El maestro venezolano Rodolfo Saglimbeni tendrá a su cargo la dirección de obras de Pleyel, Liszt y Gershwin.

31 de julio de 2018, 08:27.

CONCIERTO 79º ANIVERSARIO UNCUYO

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Nave Universitaria – viernes 17 de agosto (21.30)

Director: Rodolfo Saglimbeni

Participación de alumnos del Programa de Entrenamiento orquestal

Solistas Ganadores de la Selección de Alumnos FAD-UNCuyo, edición 2018

Leonardo Pitella, piano

Emilio Escalera, flauta

  • Ignaz Pleyel: Concierto op.1 para flauta
  • Franz Liszt: Concierto nº1 para piano
  • George Gershwin: Un Americano en París

 

La labor pedagógico-musical que desarrolla el organismo universitario se verá reflejada de manera especial en este evento. Por un lado, actuarán como solistas los ganadores de la Selección de Alumnos de la Facultad de Artes UNCuyo; por otra parte se presentarán bajo la tutela de los integrantes del organismo, diez jóvenes participantes del Programa de Práctica y Entrenamiento Orquestal que se implementó en 2016.

El programa dará inicio con la entonación de los himnos Nacional y de la UNCuyo, seguidos por palabras del Rector Daniel Pizzi quién dará inicio a un nuevo mandato de la gestión a su cargo.

A continuación se interpretará el Concierto op.1 para flauta de Ignaz Pleyel y el célebre Concierto nº1 para piano de Franz Liszt. Los solistas serán Emilio Escalera en flauta y Leonardo Pitella en piano. Luego de un breve intermedio, se ofrecerá “Un americano en París” de George Gershwin en la internacionalmente aplaudida versión del maestro Saglimbeni.  

 

 

 

George Gershwin - “Un americano en París”

Texto redactado por Martín Zubiría

Compuesta en 1928, se estrenó en diciembre de ese mismo año en el Carnegie Hall de Nueva York.

Gershwin opinaba que: «... el jazz es un elemento muy poderoso que está en la sangre y en el corazón de cualquier estadounidense más que cualquier otro estilo de la música popular. Creo que se le puede reconvertir en obras sinfónicas serias, de valor permanente».

Decidió vivir en París durante un tiempo con el fin de profundizar en sus estudios formales. Sin embargo, Maurice Ravel y Nadia Boulanger no lo aceptaron como alumno, juzgando que no tendrían nada que enseñarle.

Cuando intentó ser discípulo de Igor Stravinsky, éste le preguntó: "«¿Cuánto dinero ganó usted el año pasado?». «200.000 dólares», repondió el joven Gershwin. «Entonces yo debería tomar clases con usted», respondió el maestro, rechazando también su solicitud.

De cualquier manera, la obra contiene citas del Concierto para piano de Ravel, compuesto por la misma época. Además, Gershwin dijo de su composición: «Mi propósito aquí es representar las impresiones de un americano que visita París y que  mientras se pasea por la ciudad presta atención a los ruidos callejeros y se impregna del ambiente parisiense... La primera parte está desarrollada en un estilo típicamente francés, a la manera de Debussy o del Grupo de los Seis.”

Además de los instrumentos habituales de la orquesta sinfónica, Gershwin utiliza en algunos pasajes bocinas de automóvil. Se sabe que para el estreno, el compositor se trajo de París los “claxons” de algunos taxis. En la pieza intervienen también algunos instrumentos poco frecuentes, tales como la celesta y los saxofones.

Tal y como el crítico Deems Taylor señaló en las notas al programa del estreno, la obra parece responder a un argumento, cosa que Gershwin nunca desautorizó, a pesar de haber afirmado en alguna ocasión, expresamente, que “Un americano en París”, es, “a despecho del título descriptivo, un poema sinfónico que no intenta en absoluto evocar determinadas escenas”.

El mentado argumento, por su parte, se reduce a lo siguiente: el comienzo es una sucesión de temas “de paseo” mediante los cuales se sugiere que el “americano”, como cumplido turista, desciende por los Campos Elíseos para ir a sentarse en la terraza de un café del Barrio Latino; el trayecto está lleno de peripecias: una riña con un taxista, el vagabundeo ante los teatros de music-hall, el cruce a la orilla izquierda del Sena, son otros tantos momentos destinados al lucimiento de las trompetas, el trombón y el clarinete. Un amable violín nos evoca un idilio nocturno… Estamos, en realidad, en el momento de transición hacia la melodía del blues central: un solo de trompetas con sordina, acompañadas por la cuerda y la percusión amortiguada, de un efecto intensamente nostálgico. El americano sueña… con América. El exotismo parisiense parece olvidado; un ritmo de charlestón, dirigido por dos trompetas, destierra la melancolía. Entonces el americano se encuentra con otro compatriota y ambos cambian sus impresiones: repetición de los temas anteriores. La coda concluye sobre el tema de blues, que ahora resuena de manera triunfante y apoyado por un virtuosismo instrumental tan colorido que nunca deja indiferente al oyente.

 


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